Cada
año a Buñol acuden de todo el mundo, miles de personas,
que movidas por la curiosidad se agolpan en la plaza
del pueblo para vivir una de las fiestas más internacionales
que existen. La tomatina de Buñol.
En
unos días
concretos del año, Buñol coge color. Un mes
imita el color del fuego con sus fallas, otro se viste de
negro, pero un negro alegre propio del entierro de una sardina.
Otro mes se dará un paseo por todos los colores que
caben en una cabalgata. Pero quizá, el más
predominate es el rojo, color de la única batalla
que reune a miles de personas con el fin de subir la
adrenalina a costa de pasarlo bien.