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Todo
comenzó en 1945, cuando un grupo de
jóvenes que se había metido en una pelea cogió
tomate de un puesto de verduras próximo y comenzó
a lanzarlo contra los que suponía enemigos. Al poco
acudieron las fuerzas del orden público deteniendo
a los alborotadores y en consecuencia poniendo fin a la batalla.
Al año siguiente y al llegar el mismo miércoles
del mes de agosto los jóvenes del pueblo volvieron
a reunirse en la plaza llevando ellos los tomates. De nuevo
intervinieron las fuerzas del orden público para poner
freno a lo que popularmente, y en los años siguientes,
se iría conociendo como “tomatina”, que
pese a la oposición de las autoridades se seguiría
celebrando de uno u otro modo.
A principio de los 50
el Ayuntamiento de Buñol prohibió la celebración
de la fiesta, que no frenó a algunos participantes
y que por tanto fueron detenidos y llevados a la cárcel
del pueblo. Sin embargo, todos los vecinos se volcaron con
ellos por lo que fueron puestos rápidamente en libertad.
El pueblo pedía que la fiesta se permitiese y fue tal
su clamor que las autoridades definitivamente la consintieron.
Cada vez acudía más gente a la fiesta, con los
bolsillos cargados de tomates, dispuestos y tirarse agua,
a meterse en las fuentes y por supuesto iniciar la batalla
que muchas veces terminaba por afectar a los que simplemente
miraban. En alguna ocasión fue “atacado”
alguna personalidad relevante. Eso provocó que de nuevo
se prohibiese la fiesta con la amenaza de sanciones e incluso
con penas de prisión para quienes participaran en ella.
En 1957 se hizo una
gran manifestación en clave de humor denominada “el
entierro del tomate”, reivindicando la autorización
de la fiesta.
En 1959 el Ayuntamiento permitió de
nuevo la celebración, pero bajo ciertas normas.
Entre los cambios apareció el “palo jabón”,
cucaña que se celebra una hora antes del comienzo de
la tomatina, comienzo que sería anunciado, a partir
de ese momento, con una carcasa.
En 1975 la fiesta pasará a ser organizada
por los Clavarios de San Luís Bertrán, el patrón
del pueblo de Buñol, quienes se encargarán de
aportar los tomates que hasta ese momento cada buñolense
traía de su propia casa.
En 1980 será el Ayuntamiento quien
se haga cargo de la organización y fomento de la fiesta.
Los tomates empezarían a contarse en toneladas y número
de camiones y los participantes, venidos de todas las partes
del planeta se contarán en miles.
Hoy podemos disfrutar de la tomatina gracias a unos valientes
que en su día lucharon por la fiesta, y que han permitido
a personas de todo el mundo experimentar la sensación
de estar en medio de la mayor guerra de tomates del mundo,
la tomatina.
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