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Introducción:
De las muchas celebraciones festivas
que tienen lugar en Buñol, destaca por su originalidad
y transcendencia: La Tomatina. Es a finales de agosto (último
miércoles) y dentro de la Feria y Fiestas, que son
la semana grande de Buñol, cuando, a las once de la
mañana aproximadamente, comienza la batalla del tomate.
Una hora inolvidable de risas y tomatazos han convertido a
La Tomatina en una de las fiestas valencianas y españolas
de mayor atractivo turístico internacional.
La tomatina tiene varias fases
y cada una encierra una chispa de encanto que en suma dan
como resultado una celebración inolvidable.
La noche de
antes:
A los habitantes de Buñol les
gusta entender que la fiesta comienza la noche de antes. Todavía
no hay tomates de por medio, pero ya se empieza a sentir esa
pre-resaca que altera ligeramente el sistema nervioso. Para
contrarrestarlo, los habitantes de Buñol y los turistas
atraídos por la batalla, pasan la noche en el recinto
ferial, situado en el paseo
de Sanluis, donde los “chiringuitos” y las
atracciones de feria que allí nos encontramos, hacen
que pasemos toda la noche de fiesta, entre amigos y música,
riendo y bailando. Los habitantes de Buñol (los más
atrevidos), acostumbran a empalmar la fiesta por la noche
con la fiesta de la tomatina, que aunque parezca increíble
no ha mermado las fuerzas requeridas para una guerra de tal
magnitud.
Ya
es de día: 
A la mañana siguiente comienza
la preparación. Es el momento de recuperar fuerzas,
es por ello que los asistentes más tempraneros se acercan
a la plaza del pueblo, a eso de la 9 de la mañana,
a comer los bollos que el ayuntamiento de Buñol reparte
a todo aquel que lo desee.
Poco a poco la Plaza se va llenando. Empieza a oler a mañana,
un olor que se suma a una extraña sensación
de emoción para aquel que ya ha vivido la tomatina
y de duda y nerviosismo para aquel que la vive por primera
vez. Es como si pudieras oler el tomate antes de tenerlo por
todo tu cuerpo. Empiezan a asomarse los primeros vecinos,
que deciden participar, llenando cubos de agua y tirándolos
sobre los participantes que lo piden o sobre los que simplemente
pasaban por allí.
El palo jabón:

Una de las reglas de la fiesta es que
hasta que no se coge el jamón, la tomatina no comienza.
Y es que, antes de que comience la tomatina se levanta un
enorme palo cubierto de jabón con el objetivo de que
todo aquel que quiera pueda trepar por él, para conseguir
lo que se encuentra en su parte más alta, un jamón.
Es un juego de resistencia, coordinación, fuerza y
habilidad, que siempre acoge una gran participación,
y que concede al coronador de la cima el privilegio de ser
aplaudido por todos, y por descontado, un jamón. Pero
hasta que algún habilidoso “trepador” llega
hasta su objetivo, va llegando mucha más gente, que
se precipita por buscar un hueco entre la multitud, que planea
como coger los tomates y a quién se los va a tirar,
que se asegura de tener algún sitio donde escapar en
caso de ser ametrallado, en definitiva anticipándose
a la batalla. Para ir entrando en calor la gente comienza
con los primeros cánticos que animan a todo el mundo
a saltar o a agacharse. Otros desde los balcones tiran cubos
de agua, y desde la calle se aprovechan las fuentes para remojarse
uno mismo o al compañero. Hay quien aprovecha estos
momentos para confeccionarse un modelo adecuado, rasgándose
las ropas, aprovechando las mangas de la camiseta para hacerse
pulseras o cintas para la frente. Hay quien simplemente va
con un bañador, o el que lleva gafas de bucear o quien
va disfrazado, todo vale en cuanto a la ropa que se lleva.
De repente los participantes escuchan un alboroto acompañado
de aplausos, señal que indica que alguien, por fin,
a cogido el jamón, y que por lo tanto queda muy poco
para que la tomatina comience.
La Batalla:

Ahora es cuando uno realmente toma posiciones.
La gente canta nerviosa “tomate, tomate” pidiendo
que comience ya. Buñol es ahora un curioso lienzo,
hecho de personas con la camiseta rasgada, de casas cubiertas
de plásticos, lienzo que sin duda será pinatado
de ese color rojo que siempre aparece en las fotos que vemos
de la tomatina en las más de 100 páginas web
dedicadas a esta fiesta.
Por fin suena la carcasa que anuncia el comienzo, a eso de
la 11 de la mañana. Los primerizos se preguntan de
donde vendrá el tomate y miran alterados hacia todos
los lados buscando el camión que los porta. Los otros
muchos que la conocen miran al fondo de la calle a la vez
que cantan y saltan, y esperan que asome el retrovisor del
primer camión que sin duda es lo que primero se ve.
Por fin se deja ver, y al notarse descubierto, suena el estruendo
de su bocina, como el sonido propio de un gran cuerno de la
edad media anunciando el inicio de la guerra, y va tomando
posiciones, abriéndose camino con la ansiada munición.
En un momento se detiene y se inclina para permitir que la
munición llegue al suelo. Aunque previamente ya caían
los primeros tomates procedentes de las manos de aquellos
que andaban sobre los lomos del enorme camión. La gente
se lanza sobre los tomates y se provisiona lo suficiente para
lanzar unos cuantos. Con los ojos cerrados se lanza sobre
la multitud los tomates que previamente han sido apretados
en nuestras manos. En pocos segundos los participantes están
envueltos en una lluvia de tomates que van de una lado a otro
y que raras veces tienen objetivos definidos. Así va
llegando un camión detrás de otro, hasta que
se completa con unos 5. Te das cuenta que todo va cogiendo
un color rojo, y que se está formando un río
ácido que pocos dudan en bucear. Pasada una hora aproximadamente
la batalla termina, anunciada por un carcasa.
La retirada:

Llegó el momento de retirarse.
Aunque algunos ya lo habían hecho, quedan otros muchos
que han aguantado valientemente hasta el final y que ahora
buscan un sitio donde poderse quitar todo el tomate pegado
al cuerpo. Para ello se suelen acercar a las mangueras que
amablemente ceden los vecinos de Buñol, en una acto
similar a la ayuda humanitaria. Otros por el contrario aprovechan
las fuentes que encuentran en su camino, o se acercan al charco
de “los peñones”
con el fin de volver a casa más limpios.
Vuelta
a la normalidad:
Llega el momento de volver a la normalidad.
Los vecinos retiran los plásticos y con la ayuda de
algunos habitantes del pueblo comienza la limpieza a tiro
de manguera. En cosa de dos horas todo ha vuelto a la normalidad.
Ahora solo queda esperar un año para que de nuevo el
pueblo se tiña de rojo, y sin duda Buñol estará
preparado como todos los años para acoger a todo aquel
valiente que decida vivir una de las fiestas más emocionantes
del mundo.
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